feb 06 2013

El 2001 y los insultos a Kicillof

Posted by CJav in General

 

  Hace 12 años era febrero de 2001. Gobierno de Duhalde, pleno debate de devaluación, corralón y pesificación. 

  Yo no tenía plata en el banco. Estaba en la vereda opuesta: diez meses antes, en abril de 2000 -cuando todavía estaba vigente el uno a uno-  había sacado un crédito en el Banco Nación para comprar el departamento donde aún vivo hoy.

  Jugando con el porcentaje del valor tasado por el banco, resultó que el máximo valor de crédito que podían prestarme era 101.000 pesos. Como todavía era el uno a uno, el crédito se hizo por exactamente 101.000 dólares. 

  Llegó la devaluación. En la fecha que menciono, febrero de 2001, el dólar andaba por los 2 pesos. 

Cuando fue evidente para el gobierno que de cumplir con los términos de las cientos de miles de hipotecas nominadas en dólares nadie iba a poder pagar los créditos, se decidió la pesificación de aquellos que fueran destinados a vivienda única, pero sólo aquellos que fueran de hasta… 100.000 dólares.

  Mi crédito cumplía con lo de vivienda única, pero se pasaba del límite por el 1%. De más está explicar lo ridículo de la medida, que se convirtió en ley (cuyo debate me fumé completo, sin dormir un fin de semana): quien tenía un crédito de 99.000 dólares debería 99.000 pesos; pero quien tenía un crédito de 101.000 dólares debería 202.000 pesos, por lo menos mientras durase ese tipo de cambio, ya que el crédito quedaba nominado en dólares. Era evidente debían pesificarse todos los créditos hasta 100.000, y en todo caso dejar dolarizada la diferencia, si ese era el límite que querían establecer.

    Pero la ley se sancionó así. Fui al banco decidido a avisar que iba a dejar de pagar el crédito, que se quedaran con el departamento porque era directamente impagable. En esos días cundía la indignación. Eso era crispación real. La ciudad estaba día por medio sembrada de piquetes y barricadas en cualquier esquina, la mayoría con gente perjudicada por el corralón, y algunos de los que estaban en mi situación también. Me pasé varios días sin dormir, tratando de buscar una solución.

  En esos días me tocó ir a un casamiento, del hermano de mi novia. Economista él, y de bastante prestigio. Y entre los invitados vi, con sorpresa, a Jorge Todesca, que era el viceministro de economía. 

  Un puesto parecido al que hoy tiene Kicillof.

  Se me ocurrió ir a hablarle, para mostrarle lo injusto de la ley que habían hecho aprobar. Que no tenía sentido. Yo estaba seguro de que yo tenía razón, y tenía ganas de demostrárselo. Estaba fogoneado por la indignación con los políticos, por el "que se vayan todos" de esos días, por las noches sin dormir, por el hecho de que probablemente perdería el departamento donde iba a vivir. 

  Busqué el momento para cruzármelo y encararlo.

  Como los que escracharon a Kicillof en el barco de Buquebús, yo estaba estimulado por los medios que hablaban pestes de los políticos todo el tiempo. Igual que ellos, yo estaba enojado. Igual que ellos, tenía la oportunidad de oro de un escrache, en medio del caretaje de un casamiento.

  Pero no hice nada.

  Tal vez por algo en mi subconsciente, que sabe que muchas otras veces estuve seguro de algo, y muchas de esas veces estuve equivocado. 

  De todas formas, si lo hubiera encarado, le habría hablado para demostrarle que yo tenía razón. Le habría mostrado los números, las cuentas, la injusticia que evidenciaban. Y nada más. 

  Los que le gritaron están seguros, y no lo dudan, de que es corrupto, de que cobra 4 sueldos, de que lo que hace con los dólares es injusto, y además es "marxista" (?). Están seguros porque lo leyeron en los diarios, o en Facebook, o en una cadena de mails. Esa es su fuente. El hecho de que los medios de prensa mientan descaradamente no disculpa a gente que agrede e insulta basándose en ellos.

  Siempre que pasan estas cosas uno se pregunta "no sé que hubiera hecho yo en esa situación". Estoy seguro de que en muchas discusiones de estos días se planteó esa suposición. Bueno: yo estuve en esa situación. No le dije nada, y ni pensé en insultarlo. Básicamente porque, a diferencia de los que gritaron en el barco, no todos somos patoteros, violentos, ignorantes, irreflexivos, egoístas y cobardes.

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